Quedan semanas de ballenas: 250 metros, 30 minutos y multas desde $3,500

A la temporada de ballenas en el Pacífico panameño le quedan semanas. Va de finales de julio hasta mediados de octubre, así que lo que no se venda ahora se vuelve argumento muerto hasta julio del año que viene.

Vale la pena usarlas. Una casa frente al mar que además puede decir «a esta hora, desde la terraza, se ven» tiene algo que el competidor de al lado no tiene. Pero hay una parte del asunto que casi nadie le explica al huésped, y que puede terminar en una multa de cuatro cifras: el avistamiento está reglamentado, con distancias, tiempos y velocidades concretas, y las sanciones no son simbólicas.

Las reglas, como las publica MiAmbiente

El protocolo que rige hoy es la resolución DM 0144 del 12 de julio de 2022. MiAmbiente publica las condiciones en su propio sitio, y conviene leerlas tal como están escritas, porque la diferencia entre cumplir y no cumplir se mide en metros:

  • Distancia: no acercarse a menos de 250 metros de ballenas ni a menos de 100 metros de delfines.
  • Tiempo: el avistamiento no puede superar los 30 minutos con un mismo grupo. Si hay ballena con cría, el máximo baja a 15 minutos.
  • Velocidad: máximo 4 nudos, que son unos 7 km/h, en presencia de cetáceos.
  • Motor: debe permanecer en neutro durante el avistamiento.
  • Acercamiento: siempre en forma paralela al curso de desplazamiento del animal, nunca de frente ni cortándole el paso.
  • Agua: se prohíbe nadar, bucear con snorkel o tanque, o cualquier actividad que implique interactuar con los cetáceos.

Ese último punto es el que más se incumple, porque es el que el huésped pide. «¿Nos podemos tirar?» tiene una sola respuesta correcta y no es la que el pasajero quiere oír.

Lo que cuesta incumplirlas

Aquí hay un matiz que mucha gente repite mal, y conviene decirlo con precisión: las cifras que publica MiAmbiente son multas mínimas, no máximas. El piso, no el techo.

Según la propia institución, la multa mínima es de seis mil balboas por colisión con un cetáceo; de cinco mil balboas por acercarse a entre 50 y 99 metros; y de tres mil quinientos balboas por acercarse a 249 metros de una ballena o a 99 metros de un delfín.

Esa última cifra es la que más debería llamar la atención. No hace falta chocar con nada ni hacer una maniobra temeraria: basta con quedar un metro dentro del límite para entrar en el supuesto de tres mil quinientos balboas de piso. Una lancha que se emociona porque la ballena se acercó sola sigue estando en infracción.

Por qué esto es problema del anfitrión y no solo del lanchero

La respuesta corta: porque el huésped no conoce a nadie en el pueblo y va a preguntarle a usted.

Cuando alguien recomienda un operador, aunque sea por mensaje y sin cobrar comisión, está poniendo su nombre encima. Si ese operador se acerca de más, apaga el motor donde no debe o deja que un pasajero se tire al agua, el que recibe la reseña de una estrella no es el lanchero: es la casa que lo recomendó. Y si hay sanción de por medio, la conversación es todavía peor.

Hay precedente reciente. En agosto, MiAmbiente abrió una investigación tras difundirse un video de un avistamiento irregular en el que una persona nadó cerca de una ballena mientras la embarcación permanecía próxima, con los motores encendidos y equipo de sonido activo. La institución calificó el hecho de inaceptable. Ese video existió porque alguien lo grabó y lo subió, que es exactamente lo que hacen los huéspedes.

Cómo elegir operador sin tener que ser experto

No hace falta saber de cetáceos para filtrar. Cuatro preguntas por WhatsApp resuelven casi todo, y se pueden hacer una vez al inicio de temporada y guardar la respuesta.

  1. «¿A qué distancia se acercan?» Si la respuesta es «lo más cerca que se pueda» o «depende», el filtro ya funcionó. La respuesta correcta es 250 metros, sin adornos.
  2. «¿Cuánto dura el avistamiento con un grupo?» Media hora. Si ofrecen «el tiempo que quieran», están vendiendo una infracción.
  3. «¿Se puede nadar con ellas?» La respuesta correcta es que no. Cualquier variante de «si hay chance, sí» descarta al operador.
  4. «¿Tienen permiso vigente?» Pida verlo una vez. El que lo tiene, lo manda sin problema.

Con dos o tres operadores que pasen ese filtro, el anfitrión tiene una recomendación que puede dar con tranquilidad todo el año. Es el mismo criterio que usamos para la temporada de arribada de tortugas: el evento natural atrae reservas, y la forma de aprovecharlo sin que se vuelva un problema es saber de antemano con quién se trabaja.

Cómo venderlo sin prometer de más

Un error común es poner «avistamiento de ballenas garantizado» en el anuncio. No lo está, son animales silvestres, y una reseña molesta por una promesa incumplida pesa más que la reserva que trajo.

Lo que sí se puede decir, y es cierto, es que la casa está dentro de la zona y la temporada, que hay operadores que cumplen la norma, y que el anfitrión los conoce. Eso convierte el dato en servicio en vez de en promesa.

Tres cosas prácticas para el mensaje de bienvenida de aquí a mediados de octubre: avisar que la temporada está cerrando, dejar los contactos de los operadores filtrados, y poner una línea sobre las reglas. Algo tan simple como «la norma pide 250 metros y media hora; si el operador le ofrece acercarse más, no es un favor, es una multa» le ahorra al huésped un mal rato y posiciona a la casa como la que sabe.

Después de octubre

Cuando las ballenas se van, el argumento cambia pero el método sirve igual. Entra la temporada seca, con sus propias ventajas de venta, y vuelve la conversación de piscina y agua que ya tratamos en el artículo sobre el adelanto de la temporada seca.

Lo que conviene dejar montado ahora es la lista de operadores verificados. Tomará una tarde hacerla y queda lista para julio, cuando vuelvan a aparecer y todo el mundo esté improvisando otra vez.

¿Listo para vivir la experiencia Nuba?

Explora nuestras propiedades de playa en Playa Venao y vive de cerca la naturaleza del Pacífico panameño.